Portada del album de Belafonte Sensacional

Donde arde la memoria: una crónica de Llamas, llamas, llamas de Belafonte Sensacional

Hay algo en el Metro de la CDMX que te obliga a tragarte el duelo. No importa si acabas de salir del velorio de alguien, si te dejaron, si perdiste algo que no se recupera: el vagón va lleno, alguien trae altavoz a todo volumen, y la ciudad te exige seguir moviéndote. No hay espacio para quedarse quieto. Esa tensión —la del duelo que no encuentra dónde aterrizar— es exactamente lo que atraviesa el nuevo disco de Belafonte Sensacional.

Israel Ramírez, el tipo detrás del proyecto, lo dice sin rodeos: cuando terminó la pandemia, el mundo mainstream eligió la catarsis, la gran fiesta, el “ya estuvo.” Pero desde abajo, desde lo alternativo, desde la CDMX que todavía se llama DF si quieres, hacía falta vivir ese duelo de otra forma. No negarlo. No brincar encima. Transitarlo.

Sobre la portada

El pintor mexicano Daniel Lezama ilustró el disco con un aquelarre alrededor de una fogata. No es casualidad: el fuego es el eje visual y conceptual del álbum desde antes de abrirlo. Gente reunida, no exactamente para celebrar, sino para no estar sola con las brasas.

El fuego, en este disco, no es decoración. Es el hilo que amarra todo: el fuego que destruye y el que convoca, el que quema un vínculo y el que mantiene vivo el recuerdo. Israel lo trabaja desde múltiples ángulos a lo largo del álbum —la pérdida de un ser querido, la transformación de la inocencia, el reclamo a una ciudad que te arrebatan— y cada canción es una versión distinta de esa misma llama. Pequeña o enorme, fría o furiosa, siempre presente.

El disco no te explica el duelo. Te mete a él como quien entra a una vecindad: sin mapa, pero con la certeza de que alguien ahí adentro te conoce.

Y lo logra de una manera que pocos discos mexicanos recientes se han atrevido: siendo completamente inclasificable sin presumirlo. Hay cumbia rebajada, hay shoegaze, hay algo que suena a salsa de tres minutos en un cuarto sin ventanas, hay noise que no pide perdón. Todo convive porque la CDMX también es así: una cosa encima de otra, sin orden aparente, pero con una lógica que solo entiendes si la vives.

El disco abre con “Llamas rexio” —clicks, glitch, ambient tribal— y ya desde ahí te avisa que no vas a poder escucharlo mientras haces otra cosa. No es música de fondo. Te exige estar presente de la misma forma en que la ciudad te exige estar presente: o estás o te atropellan.

Líricamente, Israel escribe como habla alguien que lleva años observando desde la banqueta: con precisión de cronista y desorden de poeta. Sus imágenes no buscan ser bonitas, buscan ser ciertas. Un clavo en la pared que quedó después de que alguien se fue. El retrovisor que ajustas aunque no vayas a ningún lado. La ilusión de romper una pared a puro golpe de extrañar. Son detalles pequeños, cotidianos, que de repente pesan todo lo que no dijiste. Esa es su firma: tomar lo más ordinario de la vida urbana y prenderle fuego por abajo, despacito, hasta que arde.

Llamas, llamas, llamas de Belafonte Sensacional

Sus imágenes no buscan ser bonitas, buscan ser ciertas.”

Hay una canción para la madre de Israel (“Jovita verano”) que, según él mismo, mezcla a Juan Gabriel con Elliott Smith. Eso, en papel, no debería funcionar. En el disco funciona perfectamente, y eso dice todo sobre lo que Belafonte sabe hacer: encontrar el punto donde lo sentimental y lo raro se abrazan sin que ninguno de los dos pierda dignidad.

La colaboración con Julieta Venegas en “Suaves son los días” es otro momento donde el disco respira diferente. No es un feat de relleno ni de currículum. La canción lo necesitaba, y se nota.

El cierre es una oda al comediante Chris Farley. Y sí, tiene toda la lógica del mundo dentro del universo Sensacional: el duelo también puede ser por alguien que nunca conociste, por una cultura pop que formó quién eres, por versiones de la alegría que ya no existen. Hasta en eso hay llamas.

Eso es lo que hace Llamas Llamas Llamas mejor que casi cualquier disco que haya salido en México este año: te da compañía en el proceso incómodo. No te dice que todo va a estar bien. Te dice que otros también están quemando algo, y que eso, de alguna forma rara, también es un alivio.

Esta reseña es parte de Contenido Infinito, un espacio donde escribimos sobre música, cultura y todo lo que vale la pena escuchar. Si este disco te picó la curiosidad, puede que también te interese nuestra lista de los mejores álbumes del 2025 —donde el año en música se empieza a ver más claro.

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