Que ondita gente, lo sé, lo sé, ya estamos en enero del 2026, pero no importa después de procrastinar he decidido hablar sobre mi top 20 de los mejores álbumes del 2025. Y miren, antes de que se pongan sus lentes de crítico musical pretencioso y empiecen a tirar hate en los comentarios, déjenme aclarar unas cositas:
Primero: esto es MI top. Mi opinión. Mis gustos culeros o chidos, ustedes dirán. Yo no tengo la verdad absoluta ni pretendo tenerla. No soy el oráculo de la música ni nada de eso.
Segundo: el orden es completamente al azar. No significa que el número 1 sea mejor que el 20, ni que el 15 le gane al 3. Todos estos discos me latieron un chingo y ya, no hay ciencia.
Y tercero (lo más importante): aquí no vamos a hacer ese análisis mamador de “es que la ecualización en el segundo 3:47 no está bien balanceada” o “la reverberación transgrede los límites del post-shoegaze alternativo”. No mames. Aquí vamos a hablar con la verdad y sin jaladas pretenciosas que la gente se inventa para sonar interesante en fiestas.
Dicho esto, bonito inicio de año y ojalá descubran algo chido. Si no están de acuerdo, pues, ni pedo, hagan su propio top.
20) ROSALIA – LUX
Bueno, la Rosalía regresó y sí, este disco suena bien diferente a lo que nos tenía acostumbrados. Pero ojo, diferente, no significa malo, ¿eh? De hecho, está con madre.
Aquí la española se aventó un álbum que mezcla pop con orquesta completa, y el resultado es bastante chingón. Todo el rollo va de amor, deseo, espiritualidad y esas ondas profundas que te ponen pensativo.
¿Lo escucharía todos los días mientras me lavo los dientes? Nel. Pero para ciertos momentos, cuando estás de humor, pega perfecto. Es de esos discos que necesitan su espacio y su atmósfera.
Y miren, Rosalía tiene tanto poder que hasta me hizo olvidar el coraje que me dio cuando sacó “La Perla” con Yahritza y Su Esencia. Sí, ese nivel de talento tiene.
La neta es que Lux se siente más como si estuvieras viendo una obra de teatro o algo artsy que nomás escuchando rolas. Tiene su rollo, su ambiente. No es para ponerlo de fondo mientras haces el súper, pero cuando le das su momento, te lleva a otro lado.

19) Bad Bunny – DeBÍ TiRAR MáS FOToS
Después de que no alcancé boleto para verlo en CDMX (sí, todavía me duele), Benito nos compensó con este discazo que se siente bien cabrón y bien boricua.
Aquí el conejo malo se fue a fondo con sus raíces puertorriqueñas y creó algo que conecta un chingo con su gente. Le metió de todo: tintes de Héctor Lavoe, bachata, reggaeton, salsa, o sea, el paquete completo de la herencia musical de la isla.
Como ya nos tiene acostumbrados, Bad Bunny explora la nostalgia, el amor (el bonito y el tóxico), el valor de los recuerdos y toda esa onda de identidad cultural. Pero aquí va más allá: usa el sonido como herramienta de resistencia cultural, ¿me explico?
No se trata solo de ponerse sentimental y recordar los buenos tiempos (aunque el título lo sugiere). Es también reconocer lo que está en juego ahora mismo, levantar la voz desde su arte y mandar un mensaje bien claro.
Y sí, que chingue su madre Trump.
El disco es potente, necesario y suena chingón. Punto.

18) Olivia Dean – The Art of Loving
Ok, confesión: no tenía ni idea de quién era Olivia Dean hasta que el algoritmo de TikTok empezó a aventarme sus canciones. Y qué bueno que lo hizo, porque esta mujer es una joya.
Ella describe este álbum como “la biblia del amor”, y no está tan equivocada. Siento que sus canciones son como las diferentes etapas del amor, ¿no? Pero desde mi punto de vista, es más como si te estuviera dando una clase magistral de amor propio y de valorarte a ti mismo.
Musicalmente, está con madre: tiene pop clásico, soul de los 70’s, jazz, R&B… todo bien mezclado y bien ejecutado.
El disco te lleva por todo el viaje: ama bien, deja ir lo que ya no va, reconstrúyete después de un adiós, y entiende que la amabilidad (contigo y con los demás) es importante.
Es de esos álbumes que te caen bien cuando andas procesando tus ondas emocionales, pero no quieres hundirte en la depresión. Como un abrazo musical, pero sin cursilerías.

17) Sombr – I Barely Know Her
Otro caso de “gracias TikTok por presentarme artistas que no conocía”. En este caso me empezó a salir un chingo “Back to Friends” y dije “¿y este quién es?”
Resulta que Sombr es un morro de 20 años con bastante talente, no se lo voy a negar.
Combina pop con rock indie, armonías vocales bien compactas y tiene buenas ideas. El disco habla de desamor, nostalgia, autorreflexión… toda esa onda sincera e íntima que te pega cuando andas en tus sentimientos.
Pero seré honesto: siento que todavía le falta encontrar su identidad artística propia. Sí, está empezando y se entiende, pero por momentos se siente como si estuviera buscándose a sí mismo musicalmente.
Eso no significa que esté mal, ¿eh? Al contrario, puede ser un punto de partida chingón. Tiene 20 años, carajo. Tiene TODO por delante para desarrollar su sonido y convertirse en algo más único.
Este álbum está bien para lo que es: el inicio de algo que podría estar con madre en unos años. Le tengo fe.

16) Tennis – Face Down in the Garden
Sonará medio mamador, pero Tennis es una banda que aquí en México casi nadie pela. Si le pregunto a un amigo “¿conoces Tennis?”, lo más probable es que me diga que me vaya a La Guerrero, que luego hay ofertas de tenis.
Pero fuera de chiste, qué loco que esta banda tiene un chingo de discografía y yo apenas conecté con su último disco. Y precisamente es su último trabajo porque aplicaron el meme de “señor hace lo suyo y se va”.
Tiene sentido, la neta. Tennis nunca anduvo buscando fama mundial ni rogar que los pusieran en todos los festivales. Ellos nomás querían transmitir su música como fuera, a su ritmo, sin presiones.
Este disco es su carta de despedida y se nota. Mezclan pop indie con dream pop, y se siente una madurez sonora y lírica bien cabrona. Es un reflejo de las experiencias compartidas del matrimonio que forma la banda, ¿sabes? Como si estuvieras escuchando el soundtrack de una relación que vivió, creció y ahora cierra el capítulo con dignidad.
Un adiós bonito, sin dramatismos innecesarios.

15) Daniel Ceasers – Son of Spergy
Este álbum se me hizo ambicioso y bien personal por parte del canadiense. Aquí Daniel Ceasers se pone a relatar su relación con su padre, al que apodaban “Spergy”, y no se anda con rodeos.
El disco confronta temas como: la masculinidad, la fe, la arrogancia… esas ondas que no siempre son fáciles de procesar, mucho menos de cantar.
Lo que más me late es la honestidad que transmite. No está tratando de quedar bien con nadie ni de suavizar las cosas. Te dice las verdades como las vivió, sin filtros.
Musicalmente, tiene arreglos atmosféricos y coros que se sienten casi sagrados, pero al mismo tiempo súper sentimentales. Como si estuvieras en una iglesia, pero también en tu cuarto procesando tus broncas con tu jefe.
Es de esos discos que te piden atención completa. No es para ponerlo de fondo mientras haces otras cosas, sino para sentarte y realmente escucharlo.

14) Cameron Winter – Heavy Metal
Lo sé lo se esté disco es del 2024, pero joder quería incluirlo aunque hiciera trampa, pero bueno no suena a lo que sugiere el título, es decir, no es un disco de metal, sino una forma introspectiva que posiciona a Cameron Winter (cantante de la banda Geese) como un cantautor con una voz propia y difícil de encasillar. Las letras, a veces caóticas, a veces poéticas, se sumergen en imágenes que van desde lo mitológico y lo personal hasta lo absurdo y espiritual.

13) Dijon – Baby
Sin duda, su enfoque único del R&B y el soul, expande radicalmente los límites de su sonido. Este álbum suena muy personal y emocional, inspirado en gran parte por su propia experiencia reciente de convertirse en padre, algo que impregna el disco con una mezcla de emoción, intimidad y ambivalencia ante la vida familiar y el amor.

12) Jane Remover – Revengeseekerz
En este álbum se hace una mezcla de diversos géneros: digicore, EDM, hip-hop como experimental, hyperpop y elementos de rage y techno se entrelazan en paisajes sonoros densos, imprescindibles y super energéticos.
En cuestión de letras, se explora el impacto de la fama, ansiedad, la identidad y las relaciones personales a través de una lente visceral; existen temas que se han convertido en puntos focales de conversación, como “JRJRJR”, “Experimental Skin” y “Professional Vengeance”, que combinan energía desenfrenada con producción detallada y única.

11) Black Country, New Road – Forever Howlong
Tras la partida de su vocalista y principal compositor, Isaac Wood —la figura que los transformó en la banda favorita de Internet—, todas las miradas quedaron puestas en cómo lograrían reinventarse.
Lo que hace especial este disco es que redefine la identidad sonora de la banda: en lugar de intentar replicar su estilo anterior, se reinventa con vocales compartidas y un enfoque más colectivo, con Tyler Hyde, Georgia Ellery y May Kershaw como principales voces y compositoras.
Temáticamente, el disco explora las relaciones humanas, la conexión, la alineación social y el paso del tiempo, todo ello con un enfoque narrativo que mezcla humor, melancolía y teatralidad.

10) Rusowsky – Daisy
Después de una larga espera, por fin vio la luz DAISY, el álbum debut de uno de los proyectos más propositivos y estimulantes de la música alternativa en español de los últimos años: rusowsky.
Lejos de decepcionar, el disco se despliega como una obra versátil, original y profundamente emocional; nostálgica, sin perder el sentido del juego. Es humano y, al mismo tiempo, artificial. Fiel a su manera de trabajar, rusowsky se niega a quedar atrapado en un solo género, sonido o estética. Incluso en lo conceptual, DAISY parece moverse entre fragmentos que, a primera escucha, no siempre revelan una conexión evidente.
La presencia de colaboraciones como: Ravyn Lenae, Kevin Abstract, Jean Dawson, Ralphie Choo entre otros más, refuerza esa mezcla de sonidos sonoros y culturales que hacen que cada pista tenga identidad propia, ya sea la energía del club de “sukkKK!!” o la ternura del piano en “4 Daisy”.

9) Turnstile – Never Enough
Turnstile no se conforma con reproducir lo que ya sabe hacer: prefiere ponerlo a prueba. En NEVER ENOUGH, su cuarto álbum de estudio, la banda de Baltimore vuelve a escena con una propuesta que respeta su ADN hardcore, pero lo empuja hacia espacios inesperados, llenos de color, libertad y riesgo. El resultado es un disco intenso y visceral, con mucho corazón, que se permite explorar sin diluir su energía ni su rumbo.
A nivel temático y sonoro, Never Enough equilibra la impulsividad punk con momentos más reflexivos y expansivos, explorando ritmos diversos, introspección lírica y una sensación de evolución sin abandonar sus raíces. Canciones como Never Enough, Sole, I Care y Seein’ Stars muestran ese equilibrio entre energía explosiva y melodía memorable, lo cual refleja la intención de la banda de romper barreras dentro y fuera del género hardcore.

8) Barry B – Infancia Mal Calibrada
Este trabajo funciona como una mirada honesta y sin filtros al pasado, donde el artista transforma recuerdos, cicatrices emocionales y contradicciones vitales en canciones directas y sinceras. El título del EP —y muchas de sus letras— toma la idea de una “infancia mal calibrada” como metáfora de experiencias tempranas que dejaron marcas profundas, sin idealizar ni dramatizar, sino con rabia, ternura y una energía confesional que conecta con un público generacional.
En temas como ¿Quieres Autodestruirte Conmigo?, Infancia Mal Calibrada o Chocolate Axe, Barry B pone en juego tanto su energía punk-pop como su capacidad lírica para reflexionar sobre lucha interna, fragilidad y crecimiento personal. El tono del EP oscila entre lo urgente y lo reflexivo, llegando a momentos más íntimos como VICTORIA, una pieza acústica-sentimental que ha resonado entre seguidores por su honestidad emocional.

7) Royel Otis – Hickey
Sonará polémico para unos, pero si a mí si me gusto, Hickey el segundo álbum de estudio del dúo indie-pop/indie-rock australiano Royel Otis, formado por Royel Maddell y Otis Pavlovic, y marca una evolución en su sonido hacia un indie rock melódico, nostálgico y lleno de guitarras jangly, con hooks memorables, letras que mezclan melancolía y euforia juvenil, y una sensación de nostalgia moderna que recuerda tanto al dream-pop como a las bandas indie de principios de los 2000.
El espíritu de hickey se mueve constantemente entre lo luminoso y lo introspectivo. Canciones como “i hate this tune” abren el disco con guitarras que chispean y letras intensas, mientras que “say something” y “moody” combinan ritmos que remiten tanto al indie jovial de The Drums como a esa mezcla de pop nervioso y guitarras cálidas que también podrías escuchar en Clap Your Hands Say Yeah! — un balance entre energía despreocupada y emoción contenida.

6) Candelabro – Deseo, Carne y Voluntad
Lo que hace especial a este álbum es su amplitud sonora y su profundidad temática: mezcla capas instrumentales exuberantes (incluyendo guitarras, vientos y secciones rítmicas que van desde lo sobrio a lo catártico) con un discurso que dialoga con la espiritualidad, la fe, la culpa y la identidad cultural chilena.
Desde el instrumental de apertura “Las copas”, que incorpora fragmentos de poesía clandestina de la dictadura chilena, hasta piezas como “Pecado” (una suite que transita del ska al post-rock) o “Cáliz” (donde los metales y las voces se vuelven casi litúrgicos), el álbum funciona como una misa contemporánea y un retrato emocional de tensiones internas y colectivas.
Las letras exploran dudas existenciales, crisis de fe, recuerdos y desafíos personales, muchas veces evocando símbolos religiosos —títulos como “Domingo de Ramos”, “Ángel”, “Tierra maldita” o “Cáliz” refuerzan ese pulso espiritual— que se mezclan con reflexiones sobre la comunidad, la memoria histórica y la búsqueda de sentido en tiempos de incertidumbre.

5) Playboy Carti – I AM MUSIC
Llego por fin un nuevo LP de uno de los raperos más influyentes, solicitados y enigmáticos del hip hop actual: Playboi Carti. I AM MUSIC es el nombre de un proyecto que se fue gestando durante casi cinco años y que, desde antes de ver la luz, ya cargaba con un peso enorme de expectativas.
No es exagerado decir que se trata de uno de los lanzamientos más anticipados de los últimos tiempos. Parte del mérito es de su base de fans: una devoción casi obsesiva que, aunque a ratos resulta desconcertante, se sostuvo con una paciencia poco común mientras el disco tomaba forma.
Muchos habrían abandonado la espera hace tiempo, sobre todo en un panorama saturado de imitadores que replican —con mayor o menor fortuna— el universo sonoro de Carti: beats agresivos y distorsionados, estructuras cíclicas y psicodélicas, flows poco convencionales, juegos vocales experimentales y una estética oscura, esquiva y misteriosa. Un lenguaje que Carti fue puliendo lentamente desde el impacto de su mixtape homónimo en 2017.
Mezcla trap sureño clásico con hip-hop experimental, incorporando 808-drums, sintetizadores agresivos y cambios vocales que van desde un registro profundo y rasposo hasta tonos más agudos y frenéticos. Carti juega con distintas texturas y estilos a lo largo del álbum, usando ritmos repetitivos y frases breves más enfocadas en la sensación y la vibra que en una narrativa lineal tradicional.

4) Geese – Getting Killed
Me subo al tren del mame de quienes apenas tenían a Geese en el radar hasta que apareció este disco. Getting Killed se siente como el trabajo de una banda que ya probó el vértigo de estar bajo los reflectores y, en lugar de amplificarse, decidió mirarse de frente, sin filtros ni artificios. Aquí no queda rastro del asombro inicial ni de la euforia del segundo intento; lo que hay es una claridad nueva sobre cómo avanzar sin convertirse en una versión exagerada de sí mismos.
El título dice mucho. Getting Killed suena a confrontación, pero también a rendición consciente: dejar morir ciertas expectativas para que algo distinto pueda nacer. Geese parece asumirlo con naturalidad. Cada tema opera como una pequeña demolición de lugares comunes y, al mismo tiempo, como una declaración más sincera en medio del ruido constante.
Este disco explora ritmos repetitivos, guitarras abrasivas, coros hipnóticos y momentos de intensa tensión que se liberan en estallidos sonoros, creando una sensación de inmediatez y riesgo en cada pista. Canciones como “Trinidad”, “Husbands”, “100 Horses” y “Long Island City Here I Come” muestran diferentes facetas de la banda: desde grooves inquietantes hasta finales catárticos que subrayan su originalidad.

3) Silvana Estrada – Vendrán Suaves Lluvias
Un proyecto que me pareció muy emocional que explora el duelo, el amor, la rabia y la esperanza tras un periodo de pérdidas personales y giras agotadoras. La música sirve como un puente de sanación: no huye del dolor, lo escucha hasta transformar sus sensaciones en sonidos bellos y orgánicos.
El nombre Vendrán Suaves Lluvias hace referencia al poema “There Will Come Soft Rains” de Sara Teasdale, que evoca esa idea de renovación suave después de la devastación — una metáfora de la calma y la esperanza tras el sufrimiento.
En este disco hay canciones que no solo se escuchan: se quedan.
“Cada día te extraño menos” es una apertura honesta y devastadora. Silvana le pone palabras a ese duelo silencioso que no desaparece de golpe, solo se transforma. La canción no celebra el olvido, sino el aprendizaje de convivir con la ausencia. Es íntima, frágil y brutalmente humana: el tipo de tema que te acompaña cuando no sabes si ya sanaste… pero tampoco duele igual.
“Como un pájaro” yo la sentí como un momento de quiebre y libertad. Aquí la voz de Silvana se eleva con una delicadeza que contrasta con lo que dice: soltar, aunque duela; irse, aunque todavía se ame. Es una canción que suena ligera, pero carga una decisión enorme. No es huida: es supervivencia emocional.
Y “Good Luck, Good Night” es el cierre de una etapa dicho con elegancia y filo. Hay ironía, cansancio y una despedida que no pide permiso. Silvana mezcla bolero y dramatismo moderno para decir: te quise, pero ya no más. Es una canción perfecta para cuando el amor ya no duele… solo pesa.
Juntas, estas tres canciones trazan un recorrido claro: extrañar → soltar → despedirse. Son prueba de que Vendrán Suaves Lluvias no es solo un disco sobre el dolor, sino sobre la fuerza silenciosa que aparece cuando decides seguir, incluso con el corazón aún mojado.

2) Tyler, The Creator – Don’t Tap The Glass
A diferencia de sus trabajos anteriores, este disco no apuesta por un concepto extenso o introspectivo: es un proyecto corto (28 minutos, 10 temas) pensado para mover el cuerpo, bailar y sentir, no para quedarse sentado analizándolo.
Tyler se zambulle en una mezcla vibrante de hip-hop, disco, funk, techno y dance, con influencias claras del hip-hop ochentero y sonidos electrónicos que recuerdan a N.E.R.D, Miami bass y synth-funk — todo ello sin perder su sello excéntrico y creativo.
“Sugar on My Tongue” es una de las rolas más pegajosos del proyecto, con un gancho sensual y lúdico donde Tyler juega con metáforas dulces y ritmos funk-electro que se quedan en la cabeza.
“Don’t Tap That Glass / Tweakin’” el tema que da nombre al álbum mezcla energía cruda y un beat que parece un reto: no mires, no juzgues… solo siente y muévete.
“Don’t You Worry Baby” es uno de los momentos más cálidos del disco y uno de mis favoritos. Entre beats funk y una melodía casi reconfortante, Tyler baja la guardia y ofrece un mensaje de cuidado y calma. Destaca porque, en medio de un álbum corporal y rítmico, aparece una ternura inesperada, como un respiro emocional sin romper el groove.
“I’ll Take Care of You” aquí Tyler explora el afecto desde un lugar adulto y protector. La producción es suave, pero firme, y la letra sugiere compromiso sin solemnidad. No es una promesa grandilocuente, sino algo más íntimo: estar presente, incluso cuando todo alrededor es ruido.

1) Blood Orange – Essex Honey
Sin duda mi favorito del año 2025 (de lo que fue), un álbum que emerge como una exploración íntima y emocional del duelo, la memoria y el concepto de “hogar”, profundamente influenciado por la muerte de la madre de Hynes en 2023 y su regreso a Essex, Inglaterra, lugar de su infancia.
El resultado es un trabajo donde melancolía y luz coexisten: sonidos etéreos, texturas entre dream pop, R&B alternativo, funk suave y new wave se entrelazan sin rigidez, invitando al oyente a un viaje interior que celebra tanto el recuerdo como la fragilidad de la vida.
El álbum incluye contribuciones de artistas como Lorde, Caroline Polachek, Daniel Caesar, Mustafa y Zadie Smith, entre otros, aunque muchas aparecen de forma sutil en las texturas vocales y no como protagonistas evidentes.
“Look at You” desde el inicio se siente como entrar en un recuerdo borroso. No pasa mucho a nivel letra, pero eso es justo el punto: todo suena a pensamiento suelto, a algo que no termina de decirse. Es de esas canciones que no te explican nada, pero te ponen en el estado emocional correcto.
“The Field” aquí el duelo se siente cotidiano, no dramático. No hay frases grandilocuentes, solo esa sensación de que alguien ya no está y aun así sigue apareciendo en todos lados. Es una canción que se siente gris, pero de un gris tranquilo, casi cómodo.
“Vivid Light” una de mis canciones que tengo en repetición y que es de los momentos donde el álbum respira un poco. No porque deje la tristeza atrás, sino porque la mira con más claridad. Suena a aceptar las cosas tal como son, incluso cuando todavía duelen.
“The Last of England” probablemente diria yo el momento más fuerte del disco. La voz de su mamá aparece sin adornos, sin intención de impactar, y justo por eso pega tanto. No se siente como un recurso artístico, sino como algo profundamente personal que decidió compartir.

